Una tierra sin arar

14 01 2010

Reflexión sobre la concepción juvenil de progreso y cultura

Amanecía de nuevo. Los rayos fervientes del Sol alimentaban con su poderosa virtud cegadora. Las últimas gotas de rocío se obstinaban caprichosas a la inminente evaporación matinal. De la conjugación de elementos, emergían los verdes brotes. Fuertes, vigorosos, anhelantes de la consciente potencialidad que los configura.

El esperanzado verdor de su juventud se asía afanoso a la solidez de las ramas. La sujeción de la estirpe era el freno y la fuente de la que emanaba su vida. Ese agrietado y robusto lastre se aferraba, sin embargo, al nutrido suelo que lo sustentaba. Y la historia milenaria se encarnaba subordinaba a la ley natural.

 

Leer el resto de esta entrada »








Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.