Eterna vaporización

12 04 2010

Relato sobre las reflexiones de la mujer maltratada

Olía a café recién hecho, como todas las mañanas. Junto a la rutinaria cafetera, hervía hoy un poco de agua que se entretenía, regocijante, en regurgitar descomedida en el chorreante cazo. Necesitaba una tila.

Absorta en el continuo burbujeo de ese insípido y caliente líquido vital, esperaba agonizante el despertar resacoso. Cada borbollón rebosante explotaba en ella como si el agua no ardiese en el cazo sino en su propio estómago.

El vapor ya impregnaba cada rincón de la cocina, libre, espontáneo, antojadamente desenvuelto en un espacio que lo amoldaba. Ella no era agua. Ella no era vapor. Ella no lograba pulular libre ni sucumbir al antojo. Cada milímetro mal medido provocaría irrevocable un cárdeno matiz en su amoratada piel.

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Con los cordones atados para no tropezar en la Red

11 04 2010

Reflexión sobre el papel del articulista y el bloguero en el periodismo actual

Celosa y metódica, se esmeraba en adecentar su único par de zapatos. A pesar de lo viejo y raído, sus botines recibían los cuidados del primer día, ese esmero que los había mantenido impecables tras los senderos rocosos de su modesta vida. Sin embargo,  los nuevos tiempos le sonreían y le exigían con ellos un nuevo estilo, y con su primer sueldo, caminó airosa hasta la zapatería más barata. El olor del plástico acharolado le impregnó el alma. Si la calidad se rompía al primer pisotón, la vistosidad y el bajo precio incitaron a la compra. Tras el estreno inmediato y el fulgúreo exhibicionismo que prosigue a lo que acaba de nacer, se fue a dormir agotada. Esa noche, la primera en varios años, la despreocupación de la abundancia hizo que sus nuevos zuecos dormitaran embarrados a los pies de su cama. Esa noche, la primera en muchos años, lo antiguo y lo flamante se olvidó soñoliento sin el cuidadoso respeto de la exclusividad.

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“Yo acuso”, el artículo que dividió una Francia antisemita

10 03 2010

Portada de L'Aurore

El 13 de enero de 1898, el periódico francés L’Aurore publicaba el famoso artículo “J’Acusse”. De la mano de su autor, Émile Zola, comenzaba el movimiento que dividiría la sociedad francesa en dos polos claramente opuestos: dreyfusistas y antidreyfusistas, liberales y antisemitas respectivamente. Como vivo ejemplo de la oleada de antijudaísmo europeo, el caso Dreyfus abría una brecha incurable en el seno del hasta entonces considerado impoluto ejército francés. De nuevo, un artículo periodístico araba el camino para la verdad e imparcialidad. Esta vez, el escritor padre del Naturalismo utilizaba su prestigio como articulista para revelar una injusticia que rezumaba racismo e intolerancia, denuncia que le costaría al autor la condena y el exilio. 

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Mierda de artista

7 03 2010

La historia del artista que enlató sus heces

Hubo de ser la Gran Cagada. Una auténtica  mierda, de esas puras, sin colorantes ni conservantes. Mojones cuidadosamente envasados para disfrute del consumidor.

Era 12 de agosto de 1961, un día veraniego en la costera ciudad de Albisola Marina, situada en la provincia italiana de Savona. En el lugar donde había pasado sus veranos familiares desde niño, el joven de 28 años, Piero Manzoni, se disponía a presentar otra de las obras que consolidarían aún más su consagrado prestigio como artista. Agolpados ante las puertas de la conocida Galería Pescetto, los adinerados clientes devoradores de arte esperaban impacientes la exhibición en la que derrocharían su más que sobrante dinero.

Noventa latas cilíndricas de metal rigurosamente numeradas en las que versaba el título de la composición en cuatro idiomas: inglés, francés, alemán e italiano.

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Una tierra sin arar

14 01 2010

Reflexión sobre la concepción juvenil de progreso y cultura

Amanecía de nuevo. Los rayos fervientes del Sol alimentaban con su poderosa virtud cegadora. Las últimas gotas de rocío se obstinaban caprichosas a la inminente evaporación matinal. De la conjugación de elementos, emergían los verdes brotes. Fuertes, vigorosos, anhelantes de la consciente potencialidad que los configura.

El esperanzado verdor de su juventud se asía afanoso a la solidez de las ramas. La sujeción de la estirpe era el freno y la fuente de la que emanaba su vida. Ese agrietado y robusto lastre se aferraba, sin embargo, al nutrido suelo que lo sustentaba. Y la historia milenaria se encarnaba subordinaba a la ley natural.

 

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